viernes, 2 de julio de 2010

Las dos caras de Clem Snide

Cuando descubrí a este grupo americano lo que más me llamó la atención fue la voz de su cantante, Eef Barzelay. Tiene una de esas voces que son capaces de conmover. Suave, pero con fuerza. Firme. Sensual. Como siempre me ocurre, estuve meses escuchando uno tras otro todos sus discos. Pero End of Love es, sin duda, el más especial para mí. Escucho las canciones del disco y se me ponen los pelos de punta. Es como si consiguiesen encender un interruptor dentro de mí, que me pone melancólica, pero alegre a la vez. Difícil de explicar. Podría decir, así, de manera sencilla, que Clem Snide me llega.

Toda esa sensibilidad, toda esa tristeza que yo percibía en la voz de Eef Barzelay -y que me hacía pensar que iba a ser un ser taciturno y melancólico- desaparece en sus directos. Son sus canciones, reconoces la letra, pero las interpreta en versión risa. Distorsiona la voz, baila deslizándose por el escenario, grita, cuenta historias verdes, de condones y pises...Todo un espectáculo.

La primera vez que le vi en directo me decepcionó un poco. No era lo que esperaba. Pero las siguientes, y en concreto, la del miércoles pasado en el Teatro Lara, de Madrid, me encantaron. Creo que llegué a entenderle. La otra noche escuchaba atenta sus letras, seguía sus movimientos, sus reacciones y llegué a una conclusión. Eef no quiere ser un triste. A él lo que le gusta son las risas, la diversión. Pásarselo bien con sus amigos en un escenario.

Creo, además, que el grupo ha querido dejar atrás su pasado. No quieren recordar cuando sufrían por amor. No quieren tocar End of Love, aunque sea la canción más solicitada por el público. Ellos, se disculpan y dicen: "Bueno, esta canción que vamos a tocar ahora es tan bonita como End of Love, pero no es End of Love". Me gustan. Me hicieron reír: " In this world...days like this..recycling?...who cares...just...GET SEXY".

Mi canción favorita del concierto: I wasn't really drunk. Me parece una canción de amor fuera de lo normal.



I wasn't really drunk

You look so pretty when you have been drinking
And don't care when your friends say you're a mess
You laugh at all my jokes when no one else does
So I feel it's only right I must confess

You see I wasn't really drunk I was just pretending
Because I wanted so much to feel the way you do
And now this party it seems never ending
I would gladly sip my champaign from your shoes

When I found you sitting there under the table
I hoped that you would make some room for me
But I have never been much of a drinker
And at this bar they don't serve herbal tea

You see I wasn't.......

So I woke with the dawn to fix you breakfast
I served it to you right there in your bed
But your blood shot eyes adressed me like a stranger
As if I caused that pain inside your head

I wasn't really drunk....

Me gusta la filosofía de Clem Snide. Me apunto a la versión divertida de la vida.

sábado, 12 de junio de 2010

Two Lovers


Two Lovers, del director estadounidense James Gray, es una película oscura. Creo recordar que en ningún momento de la película sale el sol. Es el escenario perfecto para contar la historia de varios personajes perturbados. Leonard (Joaquin Phoenix) vuelve a casa de sus padres a vivir después de una traumática ruptura que le ha llevado a tratar de quitarse la vida en varias ocasiones. Su vida no tiene ya mucho sentido: trabaja en la tintorería familiar y deja que los días vayan pasando, se toma sus pastillas y no espera mucho de nada. Ni de la vida, ni del futuro, ni de las personas.

De repente, aparecen dos personas en su vida, que representan dos modelos de mujer opuestos: Sandra, una chica inocente, familiar, tranquila, que busca la felicidad en la estabilidad, en el amor, en lo cotidiano. Y Michelle, una rubia espectacular, trastornada y hundida por una relación que está acabando con sus nervios, extrovertida y vividora.


Leonard debe entonces elegir entre lo que debería hacer, que es comprometerse con Sandra, y lo que quiere hacer, que es dejarse llevar y tratar de alcanzar a la inalcanzable Michelle.

Más que la historia en sí, a mí me fascinaron sus personajes. Lo que cada uno tenía dentro. Lo que a cada uno le hacía sufrir. Lo que querían conseguir. En mi opinión, todos ellos están perfectamente definidos, te los crees, te compadeces de ellos. Quieres cuidarles.


Sandra (Vinessa Shaw) es un ángel. No ha salido mucho de Brooklyn. Para ella la familia es lo primero. Quiere seguir el camino que le han marcado: casarse, formar una familia, cuidar de los suyos. Ese es su concepto de felicidad. Ha visto a Leonard por la calle, sabe que ha sufrido y quiere cuidarle. Sacarle de su particular infierno. Está convencida de que su bondad y cariño serán suficientes para que él vuelva a ser feliz.

Michelle (Gwyneth Paltrow) es un ángel caído. Su vida está llena de problemas: sale con un hombre casado, que le ha prometido una y mil veces que piensa dejar a su mujer, pero que por el momento, lo más que ha hecho por ella ha sido comprarle un apartamento en Brooklyn, lejos de su otra vida, para garantizar que sus encuentros no sean descubiertos. Michelle es inestable, no mide sus actos, no piensa en las consecuencias. Vive el momento sin pensar en el mañana. Conoce a Leonard y descubre en él a un confidente, a una persona incondicional que estará allí cuando se caiga. Todas las veces que hagan falta.

Y Leonard. Pobre Leonard. Que piensa que puede llegar hasta Michelle y cambiar de vida. Salir del oscuro y aburrido Brooklyn. De la tintorería de sus padres. Piensa que otra vida es posible con Michelle. Pero, a su vez, ve en Sandra el amor que necesita, la protección. La calma.

Personas rotas. Perdidas. Que buscan la salvación en el amor. Pero el amor a veces no sirve. Salí del cine pensando en qué es lo que las personas buscamos en el amor: ¿Buscamos protección? ¿Compañía? ¿Amistad? ¿Queremos que nos salven? ¿Queremos ser salvadores? Sigo pensando...

domingo, 6 de junio de 2010

Un poco de comedia


De vez en cuando no viene nada mal sentarse en la butaca del cine y dejar que te hagan reír. La película alemana Soul Kitchen es perfecta para verla en uno de esos días en el que el mundo te parece tan aburrido que necesitas un poco de comedia. Nada profundo. Sólo bromas, situaciones absurdas y personajes entrañables.

El director de la película, Faith Akin, adora a sus personajes. Ha creado a cada uno de ellos con mucho cariño. Todos están perfectamente definidos. Son creíbles. Todos tienen su pequeña historia detrás, desde Zinos, el protagonista, con sus agobios, su restaurante, sus desastres; pasando por su hermano, un caradura, jugador sin remedio, pero muy tierno en el fondo; el cocinero brillante y psicópata; el viejo marinero que vive en el restaurante; Lucia...Todos me gustan.

Y los escenarios no pueden ser más alemanes. Locales medio abandonados convertidos en lugares con encanto, pero decadentes. Me recordaba mucho a Berlín, aunque esté rodada en Hamburgo. Me encantan esos pisos diáfanos, con grandes ventanales, antiguos pero modernos. Alemanes.

La historia es sencilla: cuenta las desventuras de Zinos, un alemán de origen griego que tiene un restaurante muy peculiar y al que le van ocurriendo una serie de desgracias. Una tras otra: su novia se va a China, su restaurante no le da más que problemas, a su hermano le acaban de dar permisos de salida en la cárcel y aparece en escena para complicarlo todo...Además, al pobre le da una contractura en la espalda que no le permite moverse.

Cuantas más desgracias le van pasando, más te ríes.

Después de ver esta película tengo ganas de tres cosas:

1. Comprarme un cuchillo como el del cocinero y aprender a cortar 2 kilos de cebollas y de calabacines en menos de un minuto.
2. Tener una casa estilo alemán, pero en Madrid.
3. Montar una fiesta, hacer sorbete de limón con la hierba afrodisiaca y sentarme a observar qué efecto produce en los invitados.

jueves, 27 de mayo de 2010

The National: una pequeña joya



Si tuviera que elegir una sola palabra para descrbir a este grupo de Brooklyn, no lo dudaría: elegancia. No hay duda: son elegantes. No sólo su música. También las letras. Y esa voz, que consigue ponerme los pelos de punta. Hay también algo de oscuridad. En los temas, en el sonido, en ellos mismos. Siempre de negro. Elegancia.


Llevo varias semanas escuchando su album Alligator, sin parar. Crea adicción. The National es una de esas bandas a las que necesitas escuchar casi obsesivamente para disfrutarlas de veras. Creo que ya estoy preparada para pasar al siguiente disco. Lo destrozaré y pasaré al siguiente. No puedo pensar en un plan mejor.


Por eso me arrepiento de haberlos visto en el Royal Albert Hall, en Londres, hace tres semanas sin haberlos escuchado lo suficiente. Si pudiese pedir hoy un deseo lo tendría claro: mismo lugar, misma compañía, pero con un poco menos de desconocimiento. Si lo disfruté entonces y si lo disfruto ahora en mi salón, puedo imaginar cómo iba a vivirlo si los volviese a ver en uno de esos palcos del Royal Albert Hall.


How can anybody know

How they got to be this way

You must have known I'd do this someday


Break my arms around the one I love

And be forgiven by the time my lover comes

Break my arms around my love

Break my arms around the one I love

And be forgiven by the time my lover comes

Break my arms around my love




viernes, 14 de mayo de 2010

Los Coronas


Ayer por la noche crucé el desierto de Mojave. Fui dejando kilómetros atrás hasta atravesar la frontera de Méjico. Mi coche iba dejando una nube de polvo que rompía la quietud de un paraje totalmente abandonado. Durante varias horas no me crucé con ningún otro ser vivo. Yo sola en mi coche, atravesando un desierto infinito. Y una banda sonora: Los Coronas.


Así me sentí ayer en el concierto de este cuarteto de surf instrumental que con su último disco, El baile final de los locos y los cuerdos, ha conseguido fusionar este estilo con ciertos toques de pasodoble y rumba, dándole un sabor único, con un aire cinematográfico propio de los speguetti western y del cine negro. Toda una joya.


Los Coronas subieron ayer al escenario a pasárselo bien. Disfrutan. Bromean. Hacen disfrutar. Cuentan batallitas, pero sobre todo, tocan. Y muy bien. Consiguen hacerte olvidar que estás en Madrid. Sientes, de repente, la arena de playas californianas, el olor a desierto y frontera, cargado de aires sureños. Los vientos, a cargo del trompetista ucraniano, Yevhen Riechkalov, te trasladan a otro mundo.



Los Coronas triunfan. Hace poco más de un año una llamada de teléfono cambió sus vidas: “Hola, soy el mánager de Steve Van Zandt y me gustaría invitaros a la zona VIP del concierto de esta noche en el Santiago Bernabéu. Steve es fan vuestro y quiere conoceros”. Steve Van Zandt, no es otro que el guitarrista de Bruce Springsteen durante los últimos 30 años y la encarnación de Silvio en la serie televisiva Los Soprano.


En una entrevista al grupo publicada hace un año en El País, Los Coronas contaban que, tras recibir LA LLAMADA, “llegamos al estadio y nos hicieron pasar a un bar privado. Allí estábamos nosotros, rodeados de un puñado de chicas bronceadas que no sabíamos muy bien a qué se dedicaban. Entonces aparecieron dos cochazos. De uno se bajó Bruce Springsteen y del otro Steve, que se dirigió hacia nosotros acompañado de dos de sus managers, uno blanco y otro negro. Y nos dijo: ‘¿Sois Los Corounas? Me encanta la música que hacéis y quiero editar vuestros discos en mi sello”.


Y así, sin más, dieron el salto a EE.UU. Y de qué manera.


Ayer el público les aclamaba. Es imposible no disfrutar en sus conciertos. Siempre te dejan con ganas de más.




miércoles, 12 de mayo de 2010

Ciudad de vida y muerte - Lu Chan


China, diciembre de 1937. El país está en guerra con Japón. Beijing y Shanghai ya han caído. Las tropas japoneses llegan a las puertas de Nanking, la capital. Después de semanas de bombardeos los oficiales locales y extranjeros han huido de la ciudad en ruinas. Es en ese momento cuando comienza la verdadera guerra.

He visto infinitas películas que retratan los horrores de la guerra. Películas de sangre, odio, horror y muerte. Pero creo que nunca ninguna película había conseguido retratar de una manera tan real el miedo. El miedo y la pérdida de toda confianza en la condición humana. La pérdida de toda confianza en la misericordia.

Los soldados japoneses, después de meses de batalla se han convertido en depredadores. No hay compasión que exista. Ni por los soldados, ni por los civiles, ni por los voluntarios extranjeros. Y mucho menos por las mujeres.

La ciudad de Nanking, amurallada, se convierte en un infierno donde las vejaciones, humillaciones y violaciones de cualquier tipo se establecen como comportamientos normales. Y en este escenario, la población china, hacinada en un campo de refugiados, trata de descubrir cuál es la forma de sobrevivir. Conforme van pasando los días y las semanas, cuando los humanos van poco a poco dejando de serlo, los supervivientes comienzan a darse cuenta de que en un lugar así, la muerte es mucho más fácil que la vida.

A lo largo de las dos horas que dura la película no pude despegarme de un escalofrío que recorría mi cuerpo, de los pies a la cabeza. Sin descanso. Ésta es una de las razones por las que me apasiona el cine. Ese escalofrío. Ese salir de la sala con el corazón en un puño.

lunes, 12 de abril de 2010

Abandono 2: Palermo



Leo en mi guía de Sicilia:

Palermo es una ciudad antigua que muestra los vestigios de los incontables invasores de Sicilia. Fue un emirato árabe, la sede de un reino normando y, en el siglo XII, la ciudad más importante de Europa. La ciudad sigue siendo una belleza, pero sus joyas a menudo necesitan cierta búsqueda por parte del viajero.

Todavía estoy tratando de asimilar esta ciudad. Toda esa belleza, esos palacios que aparecen detrás de cada esquina, esa mezcla de civilizaciones, está enterrada en suciedad, dejadez y abandono. Parece como si la ciudad hubiese sufrido un ataque nuclear: nadie pasea por sus calles, perros abandonados buscan una mirada amable, familias numerosas se desplazan en Vespas (toda la familia en una), los relojes de los principales edificios están parados desde hace años.



Palermo desconcierta. Asusta. Engancha. Nadie pasea por la principal arteria de la ciudad, Corso Vittorio Emanuele. No hay comercios abiertos, no hay vida. Sólo turistas asombrados. De esta avenida surgen callejones que requieren cierta valentía por parte del visitante para adentrarse en ellos por la noche. Por el día, el ruido de los mercados callejeros te lleva hasta las entrañas de la ciudad: los olores se intensifican -de pescado, sobre todo, de todos los tipos-, frutas, verduras y muchos gritos. Las motos de las familias numerosas sortean los puestos ambulantes; los jóvenes y no tan jóvenes, apoyados en las fachadas, miran la vida pasar. Los edificios se caen a pedazos.

Qué más da si algún día fueron hermosos palacios. Qué más da que hoy sean Patrimonio de la Humanidad. Aquí a nadie le importa.



¿Por qué se han olvidado de Palermo? ¿Quién quiere que desapareza? Por momentos, olvido que estoy en Europa. Esta ciudad me ha fascinado y me ha entristecido a partes iguales.