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jueves, 7 de julio de 2011

El mundo de Christina



Hubo un cuadro que me impactó muchísimo cuando estuve en el MoMA de Nueva York hace unos meses: Christina's world, del pintor norteamericano Andrew Wyeth. Una chica joven yace en una explanada sin árboles y a lo lejos se ven dos casas aisladas. Me desconcertó. No entendía por qué estaba allí, en medio de la nada. Parece como si estuviese arrastrándose, intentando desesperadamente llegar a un destino inalcanzable.

Ahora, leo sobre este cuadro que Wyeth pintó en 1948 y la historia me encanta. La chica del cuadro se llama Christina Olson. El pintor, que veraneaba en un pueblo de Maine, la veía desde su ventana, arrastrándose en medio del campo. Christina tenía polio, un deterioro muscular que paralizaba la parte inferior de su cuerpo.

Por más vueltas que le dé, no consigo comprender cómo Christina ha llegado hasta ahí.

En cuanto ví este cuadro me acordé de mi amiga Cristina. Que no tiene polio pero que ahora se encuentra un poco paralizada porque quiere llegar a un destino que se presenta un tanto inalcanzable. Ella observa la inmensa explanada y creo que piensa que no lo va a lograr. Pero yo sé que sus piernas acabarán reaccionando.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Domingo



Recuerdo los domingos de mi infancia como días en los que no ocurría nada. Un mero día de paso, una cuenta atrás para llegar al lunes, y a las obligaciones y a los madrugones. Los domingos no existían porque no tenían entidad propia. De mi dormitorio, al salón. A la cocina donde mi madre preparaba la comida para la semana. De los deberes al salón donde mi padre leía o veía el resumen de la jornada de fútbol. Todo estaba cerrado, las calles estaban desiertas. Nada que hacer.

Con los años he empezado a disfrutar de este día. Levantarme tarde, leer el periódico, comer fuera de casa, ir al cine. Me encanta disfrutar del descanso de este día, en el que parece que el tiempo pasa más lentamente. Pero, al llegar la tarde, vuelve esa sensación de entonces, de cuenta atrás. De planificación de una serie de obligaciones que no quiero que lleguen, pero que inevitablemente van a llegar.

Este cuadro de Hopper, que forma parte de la exposición Made in USA Arte americano de la Phillips Collection y que se puede ver en Fundación Mapfre, me devuelve a aquella época en la que los domingos me hacían estar intranquila. La ciudad está cerrada, aunque sea de día. Y ese señor allí sentado en la acera me desconcierta. Es como un fantasma. Tiene los brazos cruzados y fuma un puro, con la mirada perdida. Los personajes de los cuadros de Edwar Hopper son así: almas solitarias en escenarios inhóspitos que representan decadencia. Lugares que fueron algo y que se han quedado en nada. Una calle siempre transitada, pero completamente vacía en domingo. Una habitación de hotel donde se vivieron momentos felices, pero que ahora sólo transmite vacío y soledad. Un vagón de tren en el que una mujer mira el paisaje, con la mirada perdida, pensado en todo lo que está dejando atrás.

Creo que debo reconciliarme con los domingos.

sábado, 28 de marzo de 2009

Mundos mágicos


Un árbol. Un coche. Una caseta de playa. Color. Mucho color. Infancia. Es lo primero que me viene a la cabeza cuando veo la obra de Cristina Lama. “Por partes” parece, a simple vista, el conjunto de ensoñaciones de un niño al que sus padres le han dejado unos lápices de colores y un papel, mientras ellos tratan de mantener una conversación de adultos con un grupo de amigos. El niño, en su exilio infantil, plasma en el papel fragmentos, trozos de aquello que ha vivido, de aquello que ha soñado, de aquello que recuerda. Un robot. Un calendario. Unos libros. Una casa. Pero conforme me voy adentrando en el universo de Cristina Lama, la primera impresión se desvanece. No existe infancia. Nada en sus cuadros es fruto del azar. Los elementos representados nada tienen de inocencia. Ni de niñez. Son una serie de piezas que forman un rompecabezas complejo, quizá el observador pueda aventurarse a descifrarlo. Pero únicamente la artista sabe su significado.

Unas maletas. Un arco iris. Una botella con dos copas. Algunas de las composiciones me transmiten viajes. Carretera. Huida de la gran ciudad para encontrar el descanso en cualquier lugar perdido. Un lugar con un faro. Creo reconocer algunos malos sueños. Fragmentos de miedo plasmados en forma de monstruos y bosques oscuros.

Un mono. Una isla. Un perro que llora. Sé que no llegaré a descifrar el mundo de Cristina Lama. Pero también sé que una vez que lo descubres, es difícil abandonarlo.
"Por partes", de Cristina Lama puede visitarse hasta el 4 de abril en la galería Begoña Malone (C/Pelayo, 50. Madrid)

lunes, 16 de marzo de 2009

¿Una semana de bondad?



Max Ernst (Brühl, Alemania, 1891 - París, 1976) fue una figura fundamental del dadaísmo y del surrealismo. Une semaine de bonté recoge los collages que Ernst elaboró poco después de que Hitler llegase al poder. Estas 180 obras reflejan sus pesadillas y fantasías, y confotman un universo que muestra su temor ante la situación que vivía Europa. Elementos como el barro, el agua, el fuego, la sangre, el negro, la vista y lo desconocido. El león de Belfort, el agua, la corte del dragón, Edipo, la risa del gallo, la Isla de Pascua, el interior de la vista y la llave de los cantos son los protagonistas de estas pequeñas maravillas, llenas de detalle. Llenas de significado.


Un universo mágico, onírico, aterrador. Monstruos. Mitad hombres, mitad gallos y dragones. Desastres naturales...son la respuesta de Max Ernst al avance del totalitarismo. Imprescindible.


viernes, 13 de marzo de 2009

Olympia


“A cada tiempo su arte y al arte su libertad”

En el París de 1865 la gente que acudía al “Salón” salía horrorizada. “Cómo se atreve”, “cómo se puede exponer un cuadro así”, “qué poca vergüenza”...Edouard Manet pintó su Olympia en 1963 para ser expuesta en el “Salón de los Rechazados”, pero finalmente fue dos años después donde vio la luz y no en este Salón alternativo, sino en el Salón de París.

El cuadro: una mujer desnuda, tumbada en su cama, insinuante. Su criada, negra, le acerca un ramo de flores. Un gato negro a sus pies. Esta obra causó una gran indignación a la burguesía que se iniciaba en el disfrute del arte. Tanto el público como la crítica aceptaban los desnudos siempre y cuando fuesen obras mitológicas. La Olympia de Manet era claramente una prostituta. Podía ser incluso la meretriz con la que se acostaba alguno de esos burgueses que salían indignados de la exposición del brazo de su señora.

Atmósfera de íntima sensualidad. Un gato negro que simboliza ambigüedad e inquietud. Un ramo de flores. El típico regalo que los clientes ofrecían a las prostitutas de clase alta. La Olympia de Manet representa lo contrario al cuadro en el que se inspiró: la Venus de Urbino, de Tiziano.

Manet estaba poniendo al descubierto los mundos ocultos de una burguesía hipócrita. La mirada retadora de Olympia destapaba sus vergüenzas.

“A cada tiempo su arte y al arte su libertad”

Esta frase de la Seccesion, movimiento austriaco creado en 1897 y abanderado por Gustav Klimt, se rebeló contra la estética historicista de la época del emperador Francisco José. Defiende el arte como herramienta para romper barreras. Para adelantarse a una sociedad que quizá no esté preparada para entenderlo. Pero que debe dejarle libertad.
Como ocurrió con Manet, a quien la historia le acabó dándole la razón.

sábado, 7 de marzo de 2009

La Bella Durmiente


Veo a una mujer cómodamente tumbada. Dormida en un sofá. Lleva un vestido naranja en el que se distinguen perfectamente cada una de las arrugas y de los pliegues. Al fondo, una puesta de sol. Maravillosa. Por un momento me gustaría ser ella. Estar en ese lugar. En vez de en el Museo del Prado contemplando la exposición "La Bella Durmiente. Pintura victoriana del Museo de Arte de Ponce". Gracias al curso que estoy estoy estudiando sobre arte y comunicación, me veo obligada a acudir al Prado, que parece mentira que me tengan que obligar. Pero en Madrid ya sa sabe. El tiempo desaparece no sé muy bien dónde.

No tengo ni idea de pintura victoriana del siglo XIX. No sabía hasta que estuve ayer en la exposición, que existía el Museo de Arte de Poce, en Puerto Rico, de donde proceden todas estas obras. Además, a mí me gusta otro tipo de arte. No me gusta la oscuridad ni los temas religiosos. Básicamente porque no los entiendo. Pero hubo algo mágico ayer en esa pequeña sala del Prado.
Quizá fuese ese color naranja del vestido del cuadro de Frederic Laighton "Sol ardiente de junio" o la historia que hay detrás de "El sueño del Rey Arturo en Avalón", de Edward Coley Burne-Jones. Se trata de un cuadro impresionante. Enorme. Con muchos personajes retratados, que parece que tengan vida. Parece que se mueven. Me gusta el cuadro también por la historia que tiene detrás. Su autor estaba obsesionado con la leyenda del Rey Arturo, que cuenta que la hechicera Morgana le lleva a la isla mágica de Avalón donde permanecerá dormido hasta que su presencia sea de nuevo requerida en la tierra.


Burne-Jones trabajó obsesivamente en el cuadro hasta un día antes de su muerte. El cuadro tiene una tabla su parte inferior. Dicen que probablemente formase parte del marco que fue elaborado para la exposición celebrada un mes después de su muerte. Esta tabla lleva una iscripción en latín escrita por su yerno, que resume la trascendencia que qesta obra tuvo para el artista:

"Esta imagen del Rey Arturo dormido en Avalón hasta que suene la trompeta fue destinado a ser la culminación de la vida y obra del artista. La había comenzado veinte años antes y estaba dedicado a su realización cuando la muerte le arrancó su mano de ella aún inconclusa, el 17 de junio de 1898".

martes, 14 de octubre de 2008

Jeanne Hébuterne (Modigliani)


"Jeanne Hébuterne se mató. En esta última visita a París he andado persiguiendo su sombra, leyendo las ideas de los demás sobre ella, interesado en la juventud de esta infeliz artista, amante de Modigliani, del que había tenido un hijo -una niña- y estaba esperando otro cuando el pintor -alcohol y enfermedades varias- murió.


Jeanne tenía muchos problemas con la burguesía, con su familia. Al día siguiente de la muerte de Modigliani, embarazada de nueve meses, abrió la ventana de la quinta planta de la casa de sus padres, en el número 8 de la rue Amyot de París, y se dejó caer de espaldas. Leí la historia de su suicidio hace trinta años, cuando era joven vivía en París, la leí y recuerdo que imaginé la escena completa y luego la olvidé. Pero Jeanne ha vuelto a mí este agosto en París, al leer yo casualmente un artículo sobre sus amores con Modigliani y su muerte deseperada".


Enrique Vila-Matas, "París no se acaba nunca"


Recuerdo cuando el pasado febrero fui a ver la exposición de Modigliani en el Museo Thyssen-Bornemisza y la impresión que me dio, más que sus cuadros -que me impresionaron- la triste historia de su vida. El suicidio de su pareja, Jeanne, embarazada del pintor, me conmovió. También yo había olvidado esta historia y hoy he vuelto a encontrala en el libro de Vila-Matas. Como prometió él, no pienso olvidarla una segunda vez.