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lunes, 4 de julio de 2011

La boda de Rachel


Kym es una persona complicada. Después de pasar una adolescencia turbulenta, llena de drogas, alcohol y mentiras, parece que toma la decisión firme de reconducir su vida. Llega el momento de salir del centro de rehabilitación para acudir a la boda de su hermana Rachel.

Un fin de semana que se presenta como el momento del reencuentro y de la celebración se transforma en una prueba vital para toda la familia Buchman. ¿Están preparados para perdonar a Kym? ¿Y para perdonarse a sí mismos?

Esta película, protagonizada por una sorprendente Anne Hathaway –primer papel dramático en el que la veo-, pone a sus personajes en situaciones totalmente límites. El rencor del pasado sale a la luz y las cosas que parecían olvidadas y enterradas resurgen con una fuerza virulenta para acabar trastocándolo todo.

Siento lástima por Kym. Su situación no es fácil, pero también la odio en muchos momentos, ¿todo vale y todo se le debe consentir porque está en un momento duro dentro del proceso de rehabilitación? ¿Se pueden llegar a perdonar según qué cosas aunque las haya cometido un familiar en un momento de pérdida absoluta de control?

Para mí, el momento cumbre de la película es cuando Kym está en el grupo de ayuda y dice: no quiero creer en un Dios que me perdone. No puedo y no quiero perdonarme por lo que hice. Puedo vivir con ello, pero no puedo perdonarme. No puedo permitírmelo. Recuerdo esa escena y me entran escalofríos. ¿Cómo convivir con esa culpa?

No me gustaría estar en su piel.


La película está rodada de tal manera que integra al espectador en la escena. Es como si estuvieras invitado también a la boda. Giros bruscos que, a mi parecer, emulan los movimientos de una persona que no quiere perderse nada de lo que está ocurriendo a su alrededor. Y no es para menos porque, a pesar de las peleas, los gritos y la falta de discreción con los invitados, la boda de Rachel es la boda más increíble que he visto en mi vida: marchas nupciales con distorsión, cantantes de soul, hip hop, break dance, saris en vez de trajes blancos de novia…todo muy extravagante.

La boda de Rachel me parece un peliculón. Eso sí, mi recomendación es verla en un momento dulce.

domingo, 19 de junio de 2011

A single man


Solo puedo calificar esta película con una palabra: belleza. Todo lo que muestra Tom Ford en A single man es bello. La estética cobra aquí un significado fundamental, único. Hasta la más absoluta soledad se percibe como bella. La más bella.

Creo que esta película le sirvió al director para expulsar cosas, como terapia. Y, aunque no haya conectado con todo lo que me muestra, lo he disfrutado porque era auténtico. Muy suyo. Además, creo que ha sabido explicar con palabras algo que todos hemos sentido, o sentimos a menudo. Por lo menos, yo lo siento así.

A few times in my life I've had moments of absolute clarity, when for a few seconds the silence drowns out the noise and I can feel, rather than think. And things seem so sharp, and the world seems so fresh...It's as though it had all just come into existance.

I can't never make these moments last. I cling to them, but like everything, they fade. I've lived my life on those moments. They pull me back to the present. And I realise that everything is exactly the way it's meant to be.

Todo es exactamente como debería ser. Qué paz tienes que sentir cuando llegas a esa conclusión.

Julianne Moore, como siempre, está maravillosa.

Pequeñas mentiras sin importancia


¿Hay algo mejor que pasar las vacaciones de verano en una playa de la costa francesa con tus amigos? Parece un gran plan, pero, ¿mantendrías ese viaje si uno de tus mejores amigos ha sufrido un grave accidente de moto?

Así comienza Pequeñas mentiras sin importancia, del director Guillaume Canet. Este grupo de cuarentones de lo más diverso, lo tiene claro. Y allí, en ese lugar de ensueño, cada uno tiene que enfrentarse a sus propias miserias, eso sí, con mucha gracia.

Está el tonto desesperado porque su novia vuelva con él. Ese que no para de dar el coñazo a los amigos con el sms que debería mandar o no. Y el que organiza todo y no consigue que nadie le haga ni caso, obsesionado con las comadrejas; la pareja de toda la vida que no funciona; el ligón que se pasa de listo y acaba recibiendo una buena lección -eso sí, después de tirarse a una adolescente-; la chica independiente (Marion Cotillard, sublime) de la que todos los amigos están enamorados; y unos cuantos niños correteando por allí.

Aunque la película tiene algunos puntos moralistas que sobran, me he reído mucho. Refleja perfectamente cómo inevitable nos mentimos a nosotros mismos, mucho más de lo que lo hacemos a los demás. Para protegernos. Por miedo. Por no saber enfrentarnos a las cosas. Por no querer escuchar lo que los demás tienen que decirnos. La vida, al fin y al cabo.

Yo me quedo con una cosa de la película: necesito, pero ya, unas ostras y una copa de vino. Y un barco, ya de paso. Y, por supuesto, a mis amigos. Aunque sea para pelearme todo el rato.





domingo, 3 de abril de 2011

En un mundo mejor (o cómo llorar de principio a fin con una película)


Entiendo por qué la directora Susanne Bier ha ganado el Óscar a la Mejor Película Extranjera con En un mundo mejor. Ayer por la noche me senté en la butaca del cine y estuve llorando de principio a fin. Cuando la historia me daba un respiro, escuchaba el llanto y los grititos que daba la chica que estaba sentada a mi lado y otra vez a empezar. Me cuesta llorar con las películas, pero lo de ayer fue algo demasiado fuerte para mí.

¿Qué tiene En un mundo mejor para conseguir emocionarme de esta manera? Varias cosas: niños que sufren, violencia y repulsa de la violencia, planteamientos morales sobre cómo hay que enfrentarse a situaciones de violencia...Visto así a uno se le pueden quitar todas las ganas de ir a ver esta película. Pero, para mí, y como dice Carlos Boyero en su crítica:

En mi caso, que no soy de lágrima fácil, Susanne Bier consigue en algún momento de esta película, que se me humedezcan los ojos. Y es una sensación impagable.

Llorar a veces es una sensación impagable.

¿Qué le pasa a este niño por la cabeza?, se pregunta el padre de Christian, un niño que acaba de perder a su madre, cuando este empieza a mostrar comportamientos violentos. ¿Cómo reaccionan los niños al sufrir un golpe tan duro? ¿Cómo expresan su dolor? A veces, simplemente necesitan buscar culpables. Todos lo necesitamos, a veces.


Christian conoce a Elias en su nuevo colegio y en seguida se hacen amigos. Elias es maltratado por los malos del colegio y ve a Christian como su salvación. Estaría dispuesto a todo por la única persona que le ha mostrado algún tipo de afecto. Todo. Aunque eso supusiera el final.

Cada personaje de En un mundo mejor tiene su historia. Una gran historia: los padres del Elias, el padre de Christian, los niños. Todos te emocionan. Con todos te sientes un poco identificado. Todos te hacen llorar. Te encantaría poder ayudarles a todos.

Sinceramente, me ha fascinado esta película.

martes, 22 de febrero de 2011

El verano de nuestras vidas



¿Quién no recuerda aquellos veranos de la infancia? Cuando los tres meses de verano parecían una eternidad. Nada volvía a ser igual en septiembre. Te despedías en junio midiendo 1,30 y volvías siendo toda una señorita. Los chicos de clase , de repente, tenían una sombra de bigote y la voz les había cambiado. Recuerdo cuando el verano era infinito.

El pueblo, la playa, los amores infantiles que parecían reales, la intensidad de todo. La bicicleta. Siempre he querido volver a esos lugares que hace años que no visito.

Los protagonistas de Primos deciden volver al pueblo donde pasaban los veranos de su infancia, Comillas, después de que la novia de uno de ellos le haya dejado plantado en el altar. La idea es que allí pueda recuperar al amor de su infancia. Aquella chica a la que le prometió amor eterno en las fiestas del pueblo del verano del 91.

A partir de aquí, todo es un cachondeo. Los personajes son totalmente extremos: el comercial chulo borracho (Raúl Sánchez Arévalo), el hipocondriaco con ataques de ansiedad producidos por su experiencia como soldado en Afganistán (Adrián Lastra) y el protagonista (Quim Gutiérrez), despechado y abandonado que no es capaz de no estar con una chica.

Este viaje les servirá a cada uno de ellos para aprender lecciones vitales, que cambiarán su vida de una u otra manera. Como ocurría en aquellos veranos. Mención aparte el personaje de Antonio de la Torre, el borracho del pueblo, ex dueño de un vídeo club, que asocia cada frase a una película:

Pretty Woman, dirigida en 1990 por Gerry Marshall y protagonizada por Julia Roberts y Richard Gere.

¿Qué he hecho yo para merecer esto?, dirigida por Pedro Almodóvar en 1984 y protagonizada por Carmen Maura y Chus Lampreave.

El director Daniel Sánchez Arévalo consigue, en mi opinión, una comedia entrañable y divertida. Llena de tonterías, pero con gracia. Yo solté verdaderas carcajadas. Por momentos, recordé aquellos veranos que parecía que no iban a acabar nunca.

Además, muy buena elección de la banda sonora. Me encanta esta canción de Josh Rouse...

viernes, 15 de octubre de 2010

Fortaleza


Para mí, una de las mejores sensaciones que existen es la fortaleza. Cuando sientes que puedes con todo lo que te venga. Con todo lo malo. Es una pena que no exista un interruptor dentro de las personas que se pueda activar cuando flaqueamos. O un chupito que te haga volver a ser la persona fuerte que en ocasiones todos somos. Odio la falta de control sobre esto. Por eso, cuando el otro día ví Los cuatrocientos glopes, de François Truffaut, admiré profundamente al protagonista, el pequeño Antoine Doinel, que por su edad, no sabe todavía nada de la vida, pero que es capaz de enfrentarse a todas las dificultades que se le presentan.

Sus padres no le quieren mucho. Su profesor le detesta. Todo son problemas. Un niño, que a su edad debería estar disfrutando de ser niño, tiene que luchar por sobrevivir en cada momento. Miento porque aunque diga la verdad, nadie me va a creer, le cuenta Antoine a la psicóloga del centro de menores al que le llevan sus padres. Papás, me he escapado de casa porque siento que debo aprender a ser un hombre, les escribe a sus padres.


De lo que me alegro es de que al final, a pesar de todas las desgracias por las que debe pasar, después de todos los obstáculos que debe salvar, Antoine consigue alcanzar uno de sus sueños: ver el mar.

Tengo mucho que aprender de él.

lunes, 5 de julio de 2010

Entre nosotros



¿Tú a qué vas al cine? ¿A evadirte? ¿A divertirte? ¿Prefieres no ver dramas reales porque la vida ya es suficientemente dramática? ¿O te gusta identificarte con lo que ves en la pantalla porque te ayuda a interpretar parte de los comportamientos humanos?

Ayer fui con unos amigos a ver Entre nosotros, un drama en toda regla, y salimos haciéndonos todas estas preguntas. Yo soy de las personas a las que les gusta identificarse con lo que se ve en el cine. Ver determinadas conductas y comportamientos en las películas me ayuda a comprender mejor ciertas cosas. Me gusta descubrir cómo otros (aunque sean personajes de ficción) se enfrentan a dilemas y a situaciones a las que debo enfrentarme yo también en mi día a día. Por supuesto, también me gusta evadirme y divertirme. Y el cine siempre es una buena forma de hacerlo.

La película alemana Entre nosotros ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín en 2009. Es muy dura. Probablemente porque es muy real. Cuenta la historia de Gitty y Chris, una pareja alemana que está de vacaciones en la isla de Cerdeña. Una relación que parece consolidada comienza a tambalearse por varios motivos: las inseguridades de Chris, la pérdida del respeto mutuo, la humillación continuada, el no saber decir basta, el conformarse con las migajas de algo que en su día fue amor...Creo que esta película refleja el miedo de las personas a poner fin a algo que está muerto, pero que nos empeñamos en mantener con vida de manera artificial.


Queremos querernos, pero no nos queremos. Hay que asumirlo, aceptarlo. Es así. Fácil visto desde fuera sentado en la butaca del cine. Difícil en la realidad.

Una relación que se sustenta en una aparente igualdad, da un giro enorme y ni los propios protagonistas saben cómo reaccionar ante ello. Gitty, tan segura de sí misma, tan fuerte, tan poco convencional, se ve a sí misma en un laberinto del que no consigue salir. ¿Por qué se arrastra por una persona que está humillándole una y otra vez? ¿Por qué Chris deja de admirar a Gitty de la noche a la mañana?

Alguien siempre me dice: si se pierde el respeto, se pierde todo. A esta frase, que me parece de lo más acertada, yo añadiría: si te pierdes el respeto a ti mismo, lo pierdes todo. Gitty y Chris se pierden el respeto el uno al otro, pero sobre todo se pierden el respeto a sí mismos.

Me asustó mucho ver la película de ayer. Qué sutilidad. Cómo consigue mostrar cosas casi imperceptibles, pero que están ahí. En todas las relaciones. A mí me gusta ver este tipo de cosas en pantalla grande. Ayudan.

sábado, 12 de junio de 2010

Two Lovers


Two Lovers, del director estadounidense James Gray, es una película oscura. Creo recordar que en ningún momento de la película sale el sol. Es el escenario perfecto para contar la historia de varios personajes perturbados. Leonard (Joaquin Phoenix) vuelve a casa de sus padres a vivir después de una traumática ruptura que le ha llevado a tratar de quitarse la vida en varias ocasiones. Su vida no tiene ya mucho sentido: trabaja en la tintorería familiar y deja que los días vayan pasando, se toma sus pastillas y no espera mucho de nada. Ni de la vida, ni del futuro, ni de las personas.

De repente, aparecen dos personas en su vida, que representan dos modelos de mujer opuestos: Sandra, una chica inocente, familiar, tranquila, que busca la felicidad en la estabilidad, en el amor, en lo cotidiano. Y Michelle, una rubia espectacular, trastornada y hundida por una relación que está acabando con sus nervios, extrovertida y vividora.


Leonard debe entonces elegir entre lo que debería hacer, que es comprometerse con Sandra, y lo que quiere hacer, que es dejarse llevar y tratar de alcanzar a la inalcanzable Michelle.

Más que la historia en sí, a mí me fascinaron sus personajes. Lo que cada uno tenía dentro. Lo que a cada uno le hacía sufrir. Lo que querían conseguir. En mi opinión, todos ellos están perfectamente definidos, te los crees, te compadeces de ellos. Quieres cuidarles.


Sandra (Vinessa Shaw) es un ángel. No ha salido mucho de Brooklyn. Para ella la familia es lo primero. Quiere seguir el camino que le han marcado: casarse, formar una familia, cuidar de los suyos. Ese es su concepto de felicidad. Ha visto a Leonard por la calle, sabe que ha sufrido y quiere cuidarle. Sacarle de su particular infierno. Está convencida de que su bondad y cariño serán suficientes para que él vuelva a ser feliz.

Michelle (Gwyneth Paltrow) es un ángel caído. Su vida está llena de problemas: sale con un hombre casado, que le ha prometido una y mil veces que piensa dejar a su mujer, pero que por el momento, lo más que ha hecho por ella ha sido comprarle un apartamento en Brooklyn, lejos de su otra vida, para garantizar que sus encuentros no sean descubiertos. Michelle es inestable, no mide sus actos, no piensa en las consecuencias. Vive el momento sin pensar en el mañana. Conoce a Leonard y descubre en él a un confidente, a una persona incondicional que estará allí cuando se caiga. Todas las veces que hagan falta.

Y Leonard. Pobre Leonard. Que piensa que puede llegar hasta Michelle y cambiar de vida. Salir del oscuro y aburrido Brooklyn. De la tintorería de sus padres. Piensa que otra vida es posible con Michelle. Pero, a su vez, ve en Sandra el amor que necesita, la protección. La calma.

Personas rotas. Perdidas. Que buscan la salvación en el amor. Pero el amor a veces no sirve. Salí del cine pensando en qué es lo que las personas buscamos en el amor: ¿Buscamos protección? ¿Compañía? ¿Amistad? ¿Queremos que nos salven? ¿Queremos ser salvadores? Sigo pensando...

domingo, 6 de junio de 2010

Un poco de comedia


De vez en cuando no viene nada mal sentarse en la butaca del cine y dejar que te hagan reír. La película alemana Soul Kitchen es perfecta para verla en uno de esos días en el que el mundo te parece tan aburrido que necesitas un poco de comedia. Nada profundo. Sólo bromas, situaciones absurdas y personajes entrañables.

El director de la película, Faith Akin, adora a sus personajes. Ha creado a cada uno de ellos con mucho cariño. Todos están perfectamente definidos. Son creíbles. Todos tienen su pequeña historia detrás, desde Zinos, el protagonista, con sus agobios, su restaurante, sus desastres; pasando por su hermano, un caradura, jugador sin remedio, pero muy tierno en el fondo; el cocinero brillante y psicópata; el viejo marinero que vive en el restaurante; Lucia...Todos me gustan.

Y los escenarios no pueden ser más alemanes. Locales medio abandonados convertidos en lugares con encanto, pero decadentes. Me recordaba mucho a Berlín, aunque esté rodada en Hamburgo. Me encantan esos pisos diáfanos, con grandes ventanales, antiguos pero modernos. Alemanes.

La historia es sencilla: cuenta las desventuras de Zinos, un alemán de origen griego que tiene un restaurante muy peculiar y al que le van ocurriendo una serie de desgracias. Una tras otra: su novia se va a China, su restaurante no le da más que problemas, a su hermano le acaban de dar permisos de salida en la cárcel y aparece en escena para complicarlo todo...Además, al pobre le da una contractura en la espalda que no le permite moverse.

Cuantas más desgracias le van pasando, más te ríes.

Después de ver esta película tengo ganas de tres cosas:

1. Comprarme un cuchillo como el del cocinero y aprender a cortar 2 kilos de cebollas y de calabacines en menos de un minuto.
2. Tener una casa estilo alemán, pero en Madrid.
3. Montar una fiesta, hacer sorbete de limón con la hierba afrodisiaca y sentarme a observar qué efecto produce en los invitados.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Ciudad de vida y muerte - Lu Chan


China, diciembre de 1937. El país está en guerra con Japón. Beijing y Shanghai ya han caído. Las tropas japoneses llegan a las puertas de Nanking, la capital. Después de semanas de bombardeos los oficiales locales y extranjeros han huido de la ciudad en ruinas. Es en ese momento cuando comienza la verdadera guerra.

He visto infinitas películas que retratan los horrores de la guerra. Películas de sangre, odio, horror y muerte. Pero creo que nunca ninguna película había conseguido retratar de una manera tan real el miedo. El miedo y la pérdida de toda confianza en la condición humana. La pérdida de toda confianza en la misericordia.

Los soldados japoneses, después de meses de batalla se han convertido en depredadores. No hay compasión que exista. Ni por los soldados, ni por los civiles, ni por los voluntarios extranjeros. Y mucho menos por las mujeres.

La ciudad de Nanking, amurallada, se convierte en un infierno donde las vejaciones, humillaciones y violaciones de cualquier tipo se establecen como comportamientos normales. Y en este escenario, la población china, hacinada en un campo de refugiados, trata de descubrir cuál es la forma de sobrevivir. Conforme van pasando los días y las semanas, cuando los humanos van poco a poco dejando de serlo, los supervivientes comienzan a darse cuenta de que en un lugar así, la muerte es mucho más fácil que la vida.

A lo largo de las dos horas que dura la película no pude despegarme de un escalofrío que recorría mi cuerpo, de los pies a la cabeza. Sin descanso. Ésta es una de las razones por las que me apasiona el cine. Ese escalofrío. Ese salir de la sala con el corazón en un puño.

jueves, 18 de marzo de 2010

An education, o la pérdida de la inocencia


¿Con qué puede soñar una adolescente londinense de los años 60? ¿Qué puede querer más que alejarse de un país totalmente aislado y saltar al continente para ir a París y escuchar discos de Juliette Greco mientras se fuma un cigarrillo y observa el Sena desde su ventana? ¿Por qué conformarse con estudiar Literatura en Oxford y ser una profesora aburrida como su aburrida profesora de Literatura?

Jenny tiene 16 años y muchos sueños. Imagina que logrará escapar de sus padres y de los planes que tienen para ella. Mientras está en su dormitorio escuchando y cantando canciones francesas piensa que existe otro destino para ella.



Entonces aparece David. Un hombre mayor que le muestra una vida inalcanzable para ella a esa edad: buenos restaurantes, jazz, conciertos de música clásica, escapadas de fin de semana, subastas...Jenny, fascinada, se aferra a esa vida que no le corresponde y huye de toda esa rutina adolescente para cumplir un sueño, que pierde la magia cuando deja de ser sueño, en la adolescencia. Porque una de las cosas más bonitas de esa edad es precisamente soñar, imaginar la vida futura. No cumplirla.

An education me ha parecido una película maravillosa. Llena de detalles. Todas las conversaciones, la música, las referencias a libros, discos, obras de arte. Todo tiene un gran sentido. Y todo encaja a la perfección con el mensaje principal: ¿quién no se ha sentido atraído alguna vez por un mundo inalcanzable, prohibido? ¿quién no se ha agarrado con fuerza a una vida que no le corresponde? ¿Quién no ha sufrido después al despertar y descubrir que no era allí donde debía estar?

"All that poetry and all those songs about something that lasts no time at all..."

viernes, 5 de marzo de 2010

Thelma y Louise



Dos mujeres que se embarcan en un viaje que jamás imaginaron. Una escapada de fin de semana que se convierte en la aventura de sus vidas. Y aunque a simple vista se trata de un viaje fatal, es lo mejor que les ha pasado nunca.

No tengo palabras para agradecer este regalo, Xe. Aunque aspiro a ser Louise, me gusta ser Thelma, sólo por sentir que yo también puedo ayudarte. Gracias.




Como tú bien has dicho: Let's keep going!

lunes, 4 de enero de 2010

Donde viven los monstruos


Acabo de salir del cine con la sensación de haber vuelto a los seis años. Donde viven los monstruos (Where the wild things are), la película de Spike Jonze basada en el libro infantil de Maurice Sendak, es una aventura maravillosa en la que la imaginación manda. Max, el niño protagonista inventa un mundo a su medida para refugiarse de la total incomprensión de su familia. Allí dará rienda suelta a sus instintos más salvajes, pero pronto echará de menos algunas de las cosas que le hicieron huir…


Creo que todos deberíamos volver a ser monstruos de vez en cuando.

martes, 29 de diciembre de 2009

La conversación


¿Hasta dónde llegarías por conocer la verdad? ¿Contratarías a alguien para que espiase a esa persona de quien no te fías? Precisamente éste es el trabajo de Harry, el protagonista de la “La Conversación” (1974), película de Francis Ford Coppola. Harry es un detective especializado en sistemas de seguridad y se gana la vida grabando conversaciones para quien le contrata. Es una persona solitaria, poco habladora, muy religiosa y con grandes sentimientos de culpa que no consigue sacar de su interior.

Un gran directivo le contrata para espiar a su mujer. Lo que en un primer momento parece una conversación intrascendente, comenzará a cobrar otros significados para Harry y se meterá de lleno en una historia que no le pertenece, pero de la que necesita formar parte para que episodios del pasado no vuelvan a repetirse.

Me gusta mucho el personaje de Harry. Creo que consigue transmitir todo el desasosiego que lleva dentro: sus dudas, su moral, su soledad, su dificultad para expresar sentimientos…Y me encanta cómo a base de escuchar una y otra vez la conversación, consigue ir desentrañando la trama…

Gracias Inés, por este gran regalo.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Annie Hall



“Un tío va al psiquiatra y le dice: “creo que mi hermano está loco, se cree que es una gallina”. Y el doctor le dice: “bueno, ¿y por qué no me lo traes?”, y el tío responde: “lo haría, pero necesito sus huevos”. Bueno, supongo que esa es más o menos mi opinión sobre las relaciones. Son completamente irracionales, locas, absurdas…Pero supongo que seguimos ahí porque la mayoría necesitamos los huevos”.

Por reflexiones como ésta es por lo que adoro a Woody Allen. Tiene la capacidad de mostrarnos a nosotros mismos tal y como somos. Nuestras dudas, nuestros miedos, nuestras contradicciones aparecen en la pantalla siendo interpretadas por actores como él mismo o la maravillosa Diane Keaton. Recrea situaciones por todos conocidas, cotidianas, incluye diálogos ingeniosos, escenarios en los que todo el mundo querría vivir, y al fin y al cabo el mensaje es siempre el mismo: éste eres tú, ésta soy yo, son nuestros problemas, nuestros miedos y preocupaciones.

Y Woody Allen es capaz de crear algo increíble con todo ello.


Annie Hall es una película que habla sobre las relaciones de pareja, básicamente. Dos personas se conocen, se atraen, se gustan y comienzan a crear algo común. Después, como en todo, aparecen los problemas, las diferencias y ahí es cuando se debe decidir: ¿merece la pena?

Annie y Alvy son dos neuróticos neoyorquinos. Él, un egocéntrico cómico famoso que siempre quiere lo que no tiene. Ella, una persona insegura que tiene como objetivo vital lograr combatir esas inseguridades y construir a una mujer fuerte, segura de sí misma. Su relación, se convierte en una locura. Con mucha gracia.

En mi opinión, una de las mejores películas de Woody Allen. Estoy de acuerdo con Alvy: todos necesitamos los huevos.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Gilda


“Los hombres se enamoran de Gilda, pero se levantan conmigo”. Rita Hayworth nunca logró sobreponerse a su gran personaje, Gilda, esa mujer fatal que trata desesperadamente de reconquistar a Johnny Farell, un buscavidas jugador venido a más gracias a que Munson, el dueño de un casino de Buenos Aires, se cruza en su camino y le saca de la pobreza. Gilda y Johnny se reencuentran después de un tiempo cuando ella aparece en escena como mujer de Muson. Johnny y ella se odian debido a un episodio pasado en el que ambos se hicieron daño mutuamente. “El odio es un sentimiento intenso”, se repite una y otra vez en la película y ellos lo saben. Tratan de hacerse daño el uno al otro, pero hay una fuerza mayor que les hace amarse y odiarse al mismo tiempo. Me encanta la pasión de los personajes de las películas antiguas. El sentimiento que ponen en cada acto. La intensidad. Los besos desesperados. El sufrimiento.

Nunca hubo una mujer como Gilda. Estoy de acuerdo.

jueves, 23 de julio de 2009

Despedidas


¿Estamos preprados para decir adiós? "Despedidas", del japonés Yojiro Takita, ganadora del Óscar a la mejor película de habla no inglesa, refleja el momento del adiós definitivo de una manera realmente conmovedora. La película cuenta la historia de un joven violonchelista que, tras disolverse su orquesta, decide volver a su pueblo natal junto a su mujer. Allí encuentra un trabajo bastante poco habitual: amortajador. Su rechazo inicial se va transformando en un profundo respeto hacia ese ritual tan importante para todas las personas: el de despedirnos de aquéllos a los que amamos.


"Despedidas" retrata una sociedad, la japonesa, en la que todos los trabajos que tienen que ver con la muerte son rechazados por gran parte de la sociedad. Esto es así porque hace años, cuando todavía existía una sociedad de castas, únicamente las personas que ocupaban el lugar más bajo en la estructura social, se dedicaban a este tipo de oficio. Es conmovedor descubrir que un trabajo tan denostado puede generar tanto agradecimiento por parte de los familiares del difunto.

La película es una explosión de belleza: los paisajes, el vestuario, los protagonistas...todo tiene una delicadeza que llega a asustar por la sensación de fragilidad que transmite. Y la música es capaz de trasladarte a millones de kilómetros de aquí, a otro universo, donde los cerezos florecen y cubren los campos de una fina capa blanca y rosa.

domingo, 5 de julio de 2009

El primer día del resto de tu vida



Ayer fui a ver “El primer día del resto de tu vida” y salí del cine reconciliada con el mundo. Pasa a veces. Vas al cine y la historia, por la razón que sea, te atrapa, te anima, te hace reír y piensas: “es justo lo que necesitaba ver”. Un poco de ficción que rompa con algo que no sé muy bien qué es.

Esta película de Rémi Benzançon fue todo un éxito en Francia, ¿pero cómo no va a serlo si toca todo aquello que es capaz de emocionar a las personas? Es la historia de una familia narrada a través de cinco momentos clave de su vida: cuando el hijo mayor se va de casa, cuando la hija pequeña pierde la virginidad, cuando el hijo mediano conoce a una chica en un concurso de “air guitar”...Los personajes tienen un punto cómico bastante bien logrado, sobre todo los padres, que observan estupefactos cómo sus hijos pasan por la adolescencia y tratan desesperadamente de evitar hacerse viejos.


Peleas familiares, personajes incomprendidos, como el de la hija grunge que busca desesperadamente el amor, clases de cata de vinos, buenos momentos familiares. Esta película, obviamente no va a cambiar la historia del cine, pero te hace pasar un gran momento. Y la banda sonora es muy evocadora.

Justo lo que necesitaba en una noche de verano como la de ayer.

sábado, 13 de junio de 2009

La guerra ha terminado



Debía de ser duro ser un refugiado español en París. Pertenecer al Partido Comunista y tener que viajar continuamente a España, de manera clandestina, por esas carreteras tortuosas, con identidades falsas, despistando a los policías de la frontera. Llegar a Madrid, organizar alguna acción con la que seguramente no se conseguiría nada. Debía de ser duro ser Diego un día, Domingo al siguiente, Carlos al otro.


Esta es la historia que cuenta el director francés Alain Resnais en "La guerra ha terminado", película rodada en 1966, con guión de Jorge Semprún (y basada en las experiencias personales del propio Semprún). Diego, el nombre real del protagonista, es este refugiado revolucionario que lucha desde el exilio por una España sin dictadura. Pero los años pasan y comienza a plantearse si todo lo que está haciendo merece realmente la pena. Sus vacilaciones ideológicas, le enfrentan de alguna manera con la cúpula del partido, que está perfectamente representado -según informaciones de expertos en el tema- por "el burócrata" y por "el jefe", entre otros, que no se cansan de decir: "Diego, estás perdiendo la visión de conjunto. Estar tan cerca de la realidad no te deja ver las cosas con claridad".




La película está rodada sin ningún tipo de iluminación artificial y las escenas de amor están tratadas de una manera especial, anteponiendo la estética a la realidad. Una maravilla. Y él, Yves Montand, tan elegante, tan serio, con su eterno cigarro en la boca, luchando por la libertad de su país...Y ella, su mujer, papel representado por Ingrid Thulin, tan elegante también, tan moderna para su época, tan guapa...Cuando veo este tipo de películas me entran ganas de revolución...

domingo, 12 de abril de 2009

Primera Plana (Billy Wilder)


Chicago, 6 de junio de 1929. En la sala de prensa de los juzgados de la ciudad, los periodistas encargados de Tribunales juegan una partida de póquer mientras esperan a que pasen las horas que quedan para que Earl Williams, un comunista acusado de matar a un policía, sea ejecutado.

Mientras tanto, en las oficinas centrales del Chicago Examiner, el director Walter Burns (Walter Matthau) busca desesperadamente a su redactor estrella, Hildy Johnson (Jack Lemmon), para explicarle los últimos detalles sobre cómo debe cubrir la ejecución para dejar atrás al resto de periódicos. Pero Hildy está harto de la profesión. De no llegar a fin de mes y de trabajar todos los días sin excepción. Además, ha conocido a Peggy, una pianista de Filadelfia, con la que va a casarse y quien le va a solucionar la vida, consiguiéndole un empleo en la agencia de publicidad de su primo.



Es una película de Billy Wilder. Las cosas no siguen el curso que deberían. Sí. Todo se complica. Wilder recrea con humor y sarcasmo los entresijos de la profesión periodística. En la película aparece el paradigma de cada tipo de periodista: el reportero estrella, el pedante, el que cuenta lo que escucha por ahí, el becario que se mea en los pantalones, el editor sin escrúpulos…

Hacía mucho que no veía una película de Billy Wilder. Es una buena elección siempre.