
China, diciembre de 1937. El país está en guerra con Japón. Beijing y Shanghai ya han caído. Las tropas japoneses llegan a las puertas de Nanking, la capital. Después de semanas de bombardeos los oficiales locales y extranjeros han huido de la ciudad en ruinas. Es en ese momento cuando comienza la verdadera guerra.
He visto infinitas películas que retratan los horrores de la guerra. Películas de sangre, odio, horror y muerte. Pero creo que nunca ninguna película había conseguido retratar de una manera tan real el miedo. El miedo y la pérdida de toda confianza en la condición humana. La pérdida de toda confianza en la misericordia.
Los soldados japoneses, después de meses de batalla se han convertido en depredadores. No hay compasión que exista. Ni por los soldados, ni por los civiles, ni por los voluntarios extranjeros. Y mucho menos por las mujeres.

A lo largo de las dos horas que dura la película no pude despegarme de un escalofrío que recorría mi cuerpo, de los pies a la cabeza. Sin descanso. Ésta es una de las razones por las que me apasiona el cine. Ese escalofrío. Ese salir de la sala con el corazón en un puño.
3 comentarios:
Helene,
tal cual lo cuentas,es una película que no puede dejarte indiferente.Es la segunda recomendación que me llega de la película,así que en el momento me vea dispuesta a sentir ese escalofrío,la veré.
bss
Troyana: no dejes de verla. Cuando estés preparada. Es impresionante.Un beso!
En efecto, es una película dura, muy dura. No es que se recree, es que la historia es terrible. Uno llega a preguntarse, ¿cómo pueden ser los seres humanos tan inhumanos?
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