domingo, 5 de octubre de 2008

Berlín le toma cariño al muro


Leí hace tiempo en La Vanguardia que el muro de Berlín está podrido. Que necesita una reparación urgente o que si no podría venirse abajo. Una noticia que por allá en los años de la Guerra Fría hubiera sido acogida con alegría ("¡El muro se pudre!) hoy resulta ciertamente preocupante. ¿Cómo van a dejar las autoridades que desaparezca el símbolo más importante de nuestra historia reciente? Y hay quien dirá que lo mejor es olvidar y enterrar y no volver a hablar jamás de ciertas cosas para que tal vez así, al no ser nombradas parezca como si nunca hubieran existido. Pues bien, el muro se pudre y no hay dinero sufuciente para mantenerlo en pie, ¿y por qué?.

Un año después de la caída del muro, en 1990, 118 artistas fueron invitados a pintar el tramo de 1,3 km de longitud que se mantiene en el barrio berlinés de Friedrichshain. Ahora, para poder arreglarlo y poder mantener los graffitis (considerados también parte de la historia), se debe quitar cuidadosamente la primera capa pintada, reconstruir el resto y volver a colocar esta capa. Este proceso cuesta 1,3 millones de euros. 1,3 millones de euros para evitar la desaparición de 1,3 km de muro...




El muro no es sólo uno de los atractivos turísticos de la ciudad, es algo más, es un gran símbolo que es necesario preservar para no olvidar nunca que Berlín estuvo dividido varias décadas, para recordar siempre que hubo dos Berlines, separados no sólo por el muro, sino por años de progreso (o de retraso). Y los alemanes no quieren olvidarlo porque ocurrió, ocurrió allí mismo y seguramente parte de lo que son se lo deban a esa separación.

Cuando paseas por Berlín te invade una niebla de historia de la que difícilmente puedes desprenderte. Cada uno de los momentos que he pasado en la capital alemana no he podido evitar imaginarme la realidad que vivieron sus habitantes. Siempre digo que todavía son dos ciudades: Berlín Este, perdida en el tiempo. Gris, con grandes avenidas y monstruosos edificios cuadriculados. Berlón Oeste, una ciudad europea de hoy, con inmigración, modernidad, bicicletas...

Los alemanes no quieren que su muro se pudra. Quieren recordar que durante varias décadas Berlín fue el centro del Universo.

"Cuando Alemania del Este se desplomó en 1989, los berlineses estaban impacientes por derribar el símbolo más detestado del régimen comunista: el muro de Berlín que dividió la ciudad durante la Guerra Fría. Diecisiete años después, los responsables de la ciudad y los artistas discuten cómo hacer exactamente lo contrario: evitar que la mayor sección del muro que sigue en pie, convertida en una de las principales atracciones turísticas de la ciudad, se venga abajo".

2 comentarios:

desconvencida dijo...

Estuve en Agosto en Berlín y la verdad es que ese tramo de muro, el más extenso en la actualidad, da una sensación de fragilidad inmensa, la pintura está casi desconchada y da pena, pensé que dentro de una década, a este paso no quedará mucho de él...

Helene Hanff dijo...

sí, es emocionante pasear por ese tramo imaginando cómo debía ser estar a uno u otro lado...