domingo, 26 de septiembre de 2010

Reencuentros


Ayer por la noche tuve una cena con mis antiguos compañeros de clase. Últimamente las redes sociales han permitido que estos reencuentros se conviertan en habituales y ayer me vi rodeada de personas a las que hacía al menos 15 años que no veía.

Después de los saludos efusivos iniciales y de las preguntas más que típicas (¿Qué tal? ¿Qué has hecho en todo este tiempo? ¿Qué estudiaste? ¿Trabajas? ¿En que ciudad vives ahora?...) viene el verdadero reto: ¿tendré capacidad para mantener viva una conversación con estos desconocidos?

Mis recuerdos de aquella época están bien grabados en mi cabeza, pero es curioso descubrir cómo, en muchas ocasiones, no tienen nada que ver con los del resto de personas con las que compartí esos momentos. “Tú eras mala”- me dijeron ayer. “¿Yo mala?” – respondí. Pero si yo no lo recuerdo. Sí que recuerdo que me veía obligada a comerme mi pescado y el pescado de la líder del grupo para que me admitiera en su pandilla. ¿Yo mala? ¿?

Las anécdotas no tienen fin. Y es gracioso porque entre tus recuerdos y los del resto, eres capaz de recuperar parte de algo que había desaparecido.

“- ¿Os acordáis cuando Pepa se puso aparato y el resto nos poníamos papel de plata porque queríamos tener uno igual?”

“- Ayer encontré una nota de 5º de EGB, que decía: por favor, Lorena, cómprate rotuladores que estoy harta de tener que dejarte los míos. Se gastan”.

Y lo más absurdo, pero lo que más gracia me hizo: todos nos acordábamos del nombre y de los dos apellidos de cada uno. ¿Por qué?

Nunca había salido con estas personas de copas. La última vez que hablé con muchos de ellos tenía 12 años y probablemente si me los encuentro mañana la cosa no dará mucho más de sí, pero me hizo gracia volver a ser la número 20 de la lista de clase, la que celebraba el cumple con Paula y la que me tenía que comer dos pescados rebozados repugnantes para poder jugar luego a la goma con el resto.

Ayer, después de mil copas quedamos en vernos de nuevo pronto. Yo digo que 15 años más…

lunes, 20 de septiembre de 2010

Abandono 4: Bodie


Hoy quiero mostrar aquí uno de los lugares qué más me han inspirado. Bodie es un pueblo perdido de California. Está realmente en medio de la nada, relativamente cerca del parque natural de Yosemite y no muy lejos de un pueblo llamado Bishop. En medio de la nada.

En 1859 alguien encontró oro en Bodie y dos años después se construyó la mina para sacarle el máximo provecho a tal hallazgo. De los 20 mineros que vivían en este lugar en un primer momento, Bodie alcanzó los 10.000 habitantes en 1880. La fiebre del oro.


Así, de repente, este pequeño pueblo creció exponencialmente, en todos los sentidos: había 65 salones donde los mineros jugaban y bebían tras sus largas jornadas de trabajo en la mina; los fumaderos de opio y los prostíbulos abundaban; y la violencia inundaba la ciudad. El periódico de la localidad llegó a publicar que "una persona moría cada día en Bodie".


Dos grandes incendios determinaron el principio del fin de este próspero pueblo minero. El oro empezó a escasear, muchos de sus habitantes buscaron otros lugares donde poder prosperar y, poco a poco, las tiendas, los salones, los hoteles, las prostitutas, los fumaderos de opio y hasta la oficina de correos fueron echando el cierre. En 1932 ya no quedaba nadie en Bodie.

Al caminar por sus calles se puede sentir que hace años, éste fue un lugar próspero. Si te acercas a los cristales de la escuela, de las casas o de los salones, puedes imaginar a la perfección la vida que llevaban sus habitantes. El tiempo se ha parado en Bodie. Sólo es necesario cerrar los ojos e imaginar...Cuántos de estos pueblos debe haber en el Oeste americano. Lugares que parecían inmortales y que de la noche a la mañana, desaparecieron. Como el oro.


Como en todos los lugares abandonados, tuve la sensación de que los habitantes de este pueblo habían abandonado sus casas y sus pertenencias de repente, sin previo aviso. Había maletas abiertas, platos puestos en la mesa, actividad interrumpida.

Lo que más me gusta de los sitios abandonados es montarme mi propia película. Bodie da para varias entregas. Escalofriante.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Éramos unos niños


Existen muchos tipos de relaciones: amistad, amor, simpatía, compañerismo…Y luego están las que no se pueden definir. Aquéllas que se escapan de todo convencionalismo, las que no siguen los patrones establecidos. Creo que Patti Smith y Robert Mapplethorpe inventaron un nuevo tipo de unión. Eran amantes, pareja, amigos, él la inspiración de ella; ella, la musa de él. Lo fueron todo el uno para el otro, pero sin excluir a otras personas que llegaron a sus respectivas vidas, de manera especial, para quedarse.

Se conocieron con 19 años en Nueva York. Llegaron allí para luchar por ser artistas, en el más amplio sentido de la palabra. No tenían ni para comer. Se conocieron y ya no se separaron hasta muchos años después.

Él quería triunfar con el arte. Ella, encontrar su vocación. Él era homosexual y no sabía muy bien qué hacer con ello. Ella lo sabía, pero no le importaba porque su unión iba mucho más allá. Juntos conocieron a todos los artistas que buscaban su lugar en el centro neurálgico del nuevo arte, por los años 70. Formaron parte de la fauna del Hotel Chelsea, donde residían los amigos de Andy Warhol y algunos los representantes la Generación Beat.

Éramos unos niños es un libro de memorias de toda una época. Contado por un testigo excepcional, Patti Smith, relata el camino que anduvieron ella y Robert, antes de de llegar a ser cantante ella, fotógrafo él.


He devorado el libro y he podido sentir lo que vivieron todas estas personas, antes de saber que llegarían a ser alguien en el mundo del arte.


“Un día de otoño inusitadamente cálido nos vestimos con nuestra ropa preferida, yo con mis sandalias beatnik y mis pañuelos deshilachados, y Robert con sus collares de cuentas y su chaleco de piel de carnero. Cogimos el metro hasta la calle Cuatro Oeste y pasamos la tarde en Washington Square. Compartimos café de un termo mientras observábamos la marea de turistas, porretas y cantantes folk. Revolucionarios exaltados distribuían pasquines antibélicos. Jugadores de ajedrez atraían a un público propio. Todo el mundo coexistía en aquella constante cacofonía de diatribas, bongos y ladridos de perro.


Nos dirigíamos a la fuente, epicentro de la actividad, cuando un matrimonio maduro se detuvo y nos observó sin ningún disimulo. A Robert le gustaba que se fijaran en él y me apretó cariñosamente la mano.


-Oh, sácales una foto –dijo la mujer a su desconcertado marido. Creo que son artistas. -Venga ya- respondió él, encogiéndose de hombros-. Sólo son unos niños”.

martes, 27 de julio de 2010

Helen Levitt: pasaba por allí


Botton to secret passage. Press.

El pasaje secreto de Helen Levitt está compuesto por 120 imágenes: Helen Levitt. Lírica urbana. Fotografías 1936-1993. Su obsesión por la vida urbana está perfectamente retratada. Nueva York, más Nueva York, niños actuando como niños, pobreza y escenas cotidianas. Este pasaje secreto está lleno de detalles. Cada fotografía esconde demasiadas cosas como para dejar indiferente al visitante. Gestos, actitudes, miradas. Tomadas sin ser vista. Todas las imágenes dan pie a la imaginación: ¿a quién mira esa mujer? ¿Qué está pensando ese niño? ¿Hacia dónde se dirige ese hombre?


Helen Levitt es considerada una de la grandes fotógrafas del siglo XX. Alumna de Walker Evans y de Cartier-Bresson, el primero decía de ella: "El trabajo de Helen Levitt se puede denominar anti-periodismo". Creo que habría mucho que debatir sobre esta afirmación. Pero esta es otra historia.


La exposición, que se puede visitar hasta e 29 de agosto en la Fundación ICO de Madrid, muestra las calles y las gentes de Nueva York a lo largo de varias décadas. Además, hay algunas fotografías que Levitt tomó en México, el único trabajo que realizó fuera de su ciudad natal.

Todas las ciudades tienen un botón que te lleva a un pasaje secreto. Pero no todas las ciudades cuentan con una persona dispuesta a invitarte a entrar. Helen Levitt lo ha hecho con Nueva York. Un privilegio.

lunes, 26 de julio de 2010

Canciones que te obligan a dejarlo todo y pararte a escuchar 1: Life in vain



Life in vain. Daniel Johnston

Don't want to be free of hope

And I'm at the end of my rope
It's so tough just to be alive
When I feel like the living dead
I'm giving it up so plain
I'm living my life in vain
And where am I going to?
I got to really try
Try so hard to get by
And where am I going to?

I don't know where is up or down
ANd there ain't any love left around
Everybody wearin' a frown
Waiting for Santa to come to town
You're giving it up so plain
You're living your lives in vain
And where are you going to?
You've got to really try
Try so hard to get by
And where are you going to?
Flip on your TV
And try to make sense out of that
If we were all in the movies
Maybe we wouldn't be so bored
We're giving it up so plain
We're living our lives in vain
And where are we going to?

You gotta really try
Try so hard to get by
And where are you going to?

Goodbye, goodbye

*La sensibilidad de Daniel Johnston me emociona mucho. Sus letras le salen verdaderamente de dentro. Pero, ¿qué hay dentro de su cabeza? ¿Qué siente? ¿Qué piensa? Su historia es conmovedora y su música, maravillosa. A mí me entran ganas de abrazarle todo el rato.

miércoles, 7 de julio de 2010

Abandono 3: Plaza España


Plaza España de Madrid. Uno de los puntos neurálgicos de la ciudad. Coches, humo, ruido, personas que se dirigen a Gran Vía; personas que suben hacia la calle Princesa. Plaza España nunca duerme. En verano los turistas y no tan turistas se tumban en el césped bajo la mirada de Don Quijote y Sancho Panza. En invierno, la gente cruza con prisa la plaza para llegar su destino. Y siempre el mismo olor: el del restaurante chino que está junto al parking de la plaza, en ese submundo oriental en el que si apareces por casualidad parece como si hubieses viajado por arte de magia a Pekín. Agencias de viajes, tiendas de comida, restaurantes, inmobiliarias. Todo en chino. A un metro bajo tierra de uno de los puntos más importantes de Madrid.

Un edificio enorme se levanta al otro lado de la calle. Es el edificio España, uno de los rascacielos más representativos de la ciudad. 28 plantas y 117 metros de altura. Los Otamendi construyeron este edificio en los años 50 y, durante años, fue uno de los hoteles más lujosos de Madrid: el hotel Crowne Plaza. Hoy está totalmente abandonado.

Desde junio de 2005 nada ocurre allí. Esa acera de Plaza España en la que la actividad era constante, hoy presenta un aspecto totalmente fantasmagórico. Los comercios que estaban junto al hotel han cerrado también. Incluso el kiosko de prensa que estaba frente a la puerta de entrada. Desde hace años me sorprende muchísimo toda la gente que transita por Plaza España. Por toda la plaza, excepto por la acera del hotel abandonado. Nada. Nadie. Es como si una onda invisible ahuyentase a los peatones. Nadie quiere pasar por una calle que lo fue todo y que ahora no es nada.

En alguna ocasión he tratado de ver a través de los cristales del antiguo hotel y he visto abandono. Suciedad. Ceniceros con colillas. Polvo. ¿Por qué han dejado morir a este edificio emblemático?

En 2005, con el cambio de dueños el hotel fue perdiendo actividad y la inmobiliaria Metrovacesa lo puso a la venta. Esperaba conseguir por el edificio 350 millones de euros, pero finalmente el Grupo Santander pagó por él poco más de 277 millones. Y ahí sigue. Muerto. Una simple sombra de todo lo que fue.

Me llama la atención. La grandeza, la decadencia de un símbolo. Me da pena.

lunes, 5 de julio de 2010

Entre nosotros



¿Tú a qué vas al cine? ¿A evadirte? ¿A divertirte? ¿Prefieres no ver dramas reales porque la vida ya es suficientemente dramática? ¿O te gusta identificarte con lo que ves en la pantalla porque te ayuda a interpretar parte de los comportamientos humanos?

Ayer fui con unos amigos a ver Entre nosotros, un drama en toda regla, y salimos haciéndonos todas estas preguntas. Yo soy de las personas a las que les gusta identificarse con lo que se ve en el cine. Ver determinadas conductas y comportamientos en las películas me ayuda a comprender mejor ciertas cosas. Me gusta descubrir cómo otros (aunque sean personajes de ficción) se enfrentan a dilemas y a situaciones a las que debo enfrentarme yo también en mi día a día. Por supuesto, también me gusta evadirme y divertirme. Y el cine siempre es una buena forma de hacerlo.

La película alemana Entre nosotros ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín en 2009. Es muy dura. Probablemente porque es muy real. Cuenta la historia de Gitty y Chris, una pareja alemana que está de vacaciones en la isla de Cerdeña. Una relación que parece consolidada comienza a tambalearse por varios motivos: las inseguridades de Chris, la pérdida del respeto mutuo, la humillación continuada, el no saber decir basta, el conformarse con las migajas de algo que en su día fue amor...Creo que esta película refleja el miedo de las personas a poner fin a algo que está muerto, pero que nos empeñamos en mantener con vida de manera artificial.


Queremos querernos, pero no nos queremos. Hay que asumirlo, aceptarlo. Es así. Fácil visto desde fuera sentado en la butaca del cine. Difícil en la realidad.

Una relación que se sustenta en una aparente igualdad, da un giro enorme y ni los propios protagonistas saben cómo reaccionar ante ello. Gitty, tan segura de sí misma, tan fuerte, tan poco convencional, se ve a sí misma en un laberinto del que no consigue salir. ¿Por qué se arrastra por una persona que está humillándole una y otra vez? ¿Por qué Chris deja de admirar a Gitty de la noche a la mañana?

Alguien siempre me dice: si se pierde el respeto, se pierde todo. A esta frase, que me parece de lo más acertada, yo añadiría: si te pierdes el respeto a ti mismo, lo pierdes todo. Gitty y Chris se pierden el respeto el uno al otro, pero sobre todo se pierden el respeto a sí mismos.

Me asustó mucho ver la película de ayer. Qué sutilidad. Cómo consigue mostrar cosas casi imperceptibles, pero que están ahí. En todas las relaciones. A mí me gusta ver este tipo de cosas en pantalla grande. Ayudan.